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Obama en El Cairo

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Egipto es uno de los recipientes más grandes de la asistencia civil y militar de Estados Unidos, y esto prácticamente garantiza una acogedora ceremonia de bienvenida de la élite, aunque el país está tan lejos de ser una democracia como el ratón de la Luna, un hecho cordialmente ignorado por Obama. Además, ¿por qué será que casi todos los aliados de Estados Unidos en la región son dictaduras en las cuales los líderes dirigen la enemistad de sus militares y policías contra su propia gente?


Obama en El Cairo

[col. escrito 4/6/09]  (c) '09 Mumia Abu-Jamal

 

 

   Como en el caso de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, el presidente  Barack Hussein Obama se benefició más de quien no era que de quien era al dirigirse al público en El Cairo.   

 

    No era George W. Bush, un demoledor de palabras capaz de convertir un discurso en un instrumento de tortura.

 

    Con tranquilidad y confianza en sí mismo, oratoria clara, conocimiento de fondo y el poder de su historia personal, Obama rasgueó unas cuerdas jamás rasgueadas por un presidente estadounidense.

 

    Hay que decir en primer lugar que ningún otro presidente hubiera probado dicho escenario por estar consciente de las amenazas a la seguridad en una región donde Estados Unidos es considerado como un gandalla imperial.

 

    Mientras los presidentes anteriores han proyectado arrogancia, él mostró compasión; mientras su antecesor reveló su imbecilidad, él  mostró su erudición.

 

    Para un acto de teatro político, su interpretación fue estupenda. Pero sí, fue teatro. 

 

    En última instancia, la política se trata del poder. Dado que el poder del imperio de Estados Unidos está menguando, este discurso fue un llamado a los árabes y egipcios a sumarse como “socios” al proyecto imperial estadounidense contra el “extremismo violento”.  De esta manera, Obama continua el proyecto 9/11 empezado por Bush-Cheney, pero él intenta evitar el unilateralismo de los regimenes anteriores. Por lo tanto, Obama calificó la guerra contra Afganistán como “de necesidad”, y la contra Irak, “de elección”.

 

    En vista de esto, es interesante que haya escogido a El Cairo para pronunciar este discurso o, en realidad, cualquier capital árabe. Aunque Egipto es un país musulmán muy grande, está lejos de ser el más grande.  Ese honor se le concede a Pakistán, que tiene una población musulmana tres veces más grande que Egipto. De hecho, de los diez países del mundo con las poblaciones musulmanes mayores, Egipto ocupa el séptimo lugar y, entre los países árabes, el primero. La mayoría de los musulmanes del mundo viven en  Pakistán, Indonesia, Bangla Desh, la India y por toda África.

 

    Pero Egipto es uno de los recipientes más grandes de la asistencia civil y militar de Estados Unidos, y esto prácticamente garantiza una acogedora ceremonia de bienvenida de la élite, aunque el país está tan lejos de ser una democracia como el ratón de la Luna, un hecho cordialmente ignorado por Obama.  Además, ¿por qué será que casi todos los aliados de Estados Unidos en la región son dictaduras en las cuales los líderes dirigen la enemistad de sus militares y policías contra su propia gente?

 

    Esto nos dice algo sobre la confianza estadounidense en la mera noción de la democracia, ¿verdad?

 

    Los brutales y letales ejércitos internos, la policía secreta y la tortura son la trifecta de los aliados favorecidos de Estados Unidos, y estas realidades producen un éco más fuerte que las dulces y elocuentes gentilezas de la diplomacia de Obama.

 

    A decir verdad, Obama les ganó con el saludo universal musulmán  " As Salamu Aleikum ", que significa "La Paz sea con ustedes."

 

    Pero la paz, aunque es triste decirlo, no es precisamente una realidad cuando el gobierno de uno está en guerra contra su propio pueblo para defender a unos corruptos líderes políticos.  

 

    El régimen de Obama presentó este evento como “un nuevo comienzo”, y dados sus extraordinarios dones políticos y oratorios, así fue. Citó el Korán por lo menos dos veces, respaldó la igualdad de las mujeres, y llamó la ocupación israelí por su nombre: una ocupación.  ¿El comienzo de qué? El tiempo dirá. 

 

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