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NOTA ROJA: PERIODISMO DE BAJA ESTOFA Y VENTA DE SILENCIO

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La violación de los derechos humanos de las personas que son detenidas por las corporaciones policiacas en México, obligadas a pagar a periodistas sin ética que les exigen dinero a cambio de publicar su fotografía y de paso destruir familias y prestigio.

NOTA ROJA: PERIODISMO DE BAJA ESTOFA Y VENTA DE SILENCIO

 

·        Llega a tal extremo la complicidad entre policías y reporteros corruptos, que las víctimas deben incluir en el pago de sus sanciones o extorsiones, “el dinero para que no salga la foto” o “que no se publique la nota”.

·        Ciudadanos que no pagaron, verán alterada su vida familiar y el entorno social, merced de un reportero que le juzgó y condenó.

 

Conrado García Jamin

Sobre el origen y evolución del concepto de nota roja en México, existen trabajos que a manera de ensayo, principalmente, abordan las variantes del género en distintas épocas.

Autores como Ruiz Castañeda vinculan el origen de este concepto en México a la desviación de la fe y las buenas costumbres en tiempos de la Santa Inquisición, con la llegada de los españoles. Recientemente, surgió en Guadalajara otra hipótesis que habla del nacimiento de la nota roja en México, desde esta ciudad a fines del siglo xix, a raíz del asesinato de un jalisciense ilustre.

Para María del Carmen Ruiz Castañeda, el periodismo de nota roja tiene sus orígenes en los cabildos instalados con la llegada de los españoles, cuya labor consistía en difundir en las plazas las noticias que generaba el consejo de lo que ahora es la ciudad de México. A principios de 1526, el Cabildo informó del castigo impuesto a alborotadores ebrios que habían ofendido "la preeminencia de la Santa Inquisición", por lo que se ejecutó a 43 personas y se castigó a cientos más, con juicios cuyos resultados eran colocados en las puertas de las iglesias a manera de edicto. Estos edictos tenían un "sello rojo", símbolo de la autoridad eclesiástica, y que dio origen al término "noticia roja", que era como se conocían aquellas comunicaciones dirigidas a los fieles para dar razón del delito en contra de la fe o las buenas costumbres.

Fue el tribunal de la Santa Inquisición, que duró doscientos noventa y seis años (1517-1813), el que inicialmente popularizó este término, que con el tiempo se generalizó a la difusión de hechos vinculados a la justicia o derramamiento de sangre.

En Guadalajara, a partir del análisis de la noticia del asesinato del jalisciense Ramón Corona, una de las formas en que un periódico local anunció su muerte puede considerarse una nueva hipótesis sobre la inauguración de la nota roja propiamente mexicana (Corona 2000: 8). Hay referencias en periódicos locales de 1889 del manejo especial que dio el Mercurio Occidental al asesinato de Ramón Corona, en el que al parecer se utilizó como recurso unas manos manchadas de rojo en la portada.

"Los tapatíos se horrorizaron de aquella noticia ensangrentada. Esta idea de la nota roja fue el inicio de la crónica policiaca con efectos para mover las emociones y los sentimientos." Sobre la evolución del concepto, hay autores (v.g. Del Castillo, Monsiváis) que desde distintas perspectivas analizan la nota roja en las primeras décadas del siglo xx y subrayan que en este contexto la nota roja tiene escasas posibilidades competitivas por el repertorio de batallas que representó la revolución.

En la dimensión ideológica, una lectura actual sobre la delincuencia debe partir del porfiriato y del proyecto ilustrado que guió esa época, que se gestó a finales del siglo xviii, cuando se desarrolló un sentimiento de horror y atracción ante la figura del delincuente, y se presentó una imagen moralizante para mantener un modelo de normalidad social. Tanto en la actualidad como a principios del siglo xix, con el surgimiento de los reporteros profesionales, el manejo de la nota roja es el de una mercancía con un mensaje moralizante reiterativo (Del Castillo 93: 127).

"Los crímenes carecen de una explicación social, por el contrario, serán resultado de naturalezas erráticas y destructivas, que se oponen a un orden pulcro y armónico, que se ve alterado por este tipo de desviaciones."

En el contexto posrevolucionario (Monsiváis 1993), la nota roja se centra en asesinatos y descripciones detalladas de asesinos seriales, y comienzan a aparecer en la prensa términos como psicopatología, traumas y misoginia extrema.

Hay un giro en el género con la aparición de la edad del crimen organizado, alrededor de la década de los setenta, cuando el narcotráfico empieza a ocupar un lugar preponderante.

En los años recientes, se comienzan a tocar los problemas de impunidad, a la vez que surge un tratamiento noticioso de la delincuencia, violencia, e inseguridad pública bajo el matiz de los derechos humanos.

DOSIS DE SANGRE

Información policiaca, sucesos, justicia, seguridad o prevención, cada medio elige la denominación que prefiere, el hecho es que las informaciones que entran en lo que se conoce comúnmente como nota roja, tienden a definir en nuestros días las prioridades en la agenda de lo noticioso. Los medios que se rezagan en la transmisión a detalle de los acontecimientos clasificables en este género, prácticamente quedan fuera de la jugada. Ya no basta la noticia criminal, sino que el periodista necesita ensangrentarla con detalles narrativos, primeros planos fotográficos, en los que la víctima, su cuerpo, su cadáver, sustituyen más que completar la noticia

Antes de esto, sólo había uno que cubría nota roja, que tenía veinticinco años de experiencia y, además, cubría otras fuentes: "Lo policiaco era el relleno", narra. Hoy ese pasado parece remoto. En la actualidad, en este canal hay tres reporteros "policiacos" para los turnos matutino, vespertino y nocturno. Los apoyos con que cuentan van desde celulares, localizadores, radios escáneres y motocicletas; los escáneres y las motos son artefactos destinados para ellos, para los policiacos, no para quienes cubren otras fuentes. Por si no bastara, el helicóptero de la policía municipal está disponible también con sólo efectuar una llamada telefónica.

Para quien haya visitado la ciudad de México a últimas fechas, no será ajeno al espectáculo aéreo de los helicópteros de noticiarios radiofónicos y televisivos, que compiten para transmitir en vivo y en todo color los sucesos que tienen que ver casi siempre con trifulcas, incendios, robos, o disturbios en marchas.

Información policiaca, sucesos, justicia, seguridad o prevención, cada medio elige la denominación que prefiere, el hecho es que las informaciones que entran en lo que se conoce comúnmente como nota roja, tienden a definir en nuestros días las prioridades en la agenda de lo noticioso. Los medios que se rezagan en la transmisión a detalle de los acontecimientos clasificables en este género, prácticamente quedan fuera de la jugada. Ya no basta la noticia criminal, sino que el periodista necesita ensangrentarla con detalles narrativos, primeros planos fotográficos, en los que la víctima, su cuerpo, su cadáver, sustituyen más que completar la noticia.

La socióloga Martha Rodríguez Álvarez, realizó una investigación al respecto (le llaman “Sociología de la Producción de Noticias”) y de antemano se encuentra con que el aspecto ético no es ni el único ni el central del periodismo de nota roja, en el que parece reflejarse una realidad fragmentada donde predomina lo más violento y fuera de lo común.  

¿Por qué ocurre así?, ¿quién decide qué se cubre y qué no, y qué se va a publicar?, ¿existe consenso entre reporteros y editores en los criterios de selección de información?, ¿cómo son las relaciones entre reporteros, fuentes y editores?, ¿cuál es la importancia que se da a la nota roja en los periódicos y noticiarios de radio y televisión?, ¿cuál es la ideología profesional de los reporteros que cubren esta fuente?, ¿cómo asumen su rol?

Estas preguntas encauzaron el trabajo hacia la indagación de los contextos y procesos mediante los cuales se genera la nota roja

Descubrir y describir esta porción de realidad de la vida cotidiana, no para emitir juicios, ni aportar soluciones, sino con el objeto de despertar interrogantes sobre el papel que desempeñan los medios en la actualidad como productores de conocimiento con respecto a esta problemática social, y a la vez hacer público el andamiaje de este género relegado por la investigación académica.

EL REPORTERO DE VERDAD

Los reporteros policiacos en esta ciudad expresan que son adictos a la adrenalina. Los períodos de "días muertos" (como suelen denominar las jornadas de trabajo cuando no acontece ninguna información de impacto), que generalmente son largos, los soportan porque consideran que, contrario a lo que el común de la gente piensa, "después del silencio viene la tempestad".

Para algunos de estos reporteros la calma en la ciudad es un presagio de que "algo" puede ocurrir. Sus fuentes, en particular los policías, opinan lo mismo. Los menos radicales advierten que se trata de un fenómeno cíclico. Pero ese "algo" que todos los reporteros y policías saben o esperan que ocurra, es por supuesto "algo violento, una ejecución, un asalto a blindado".

En esos "días muertos", los reporteros lucen aburridos, a veces angustiados. Cubren sin ánimo el robo a una tienda de abarrotes o una volcadura sin lesionados. Incluso, admiten, que no ponen el mismo esmero en la redacción de esas notas (a diferencia de los sucesos impactantes), porque saben que algunas ni siquiera saldrán en los noticiarios, y en los periódicos serán de relleno, pero no irán a la primera plana. En esos días de calma aprovechan para dar seguimiento a casos, atender pendientes familiares o personales. Para matar el tiempo en estos casos, a veces los reporteros que coinciden usualmente en las oficinas de prensa de la procuraduría o policía municipal, bromean, se mofan y ríen: "Hay que matar a alguien", o "aventar a una viejita a un midibús", "robar un banco" (para que haya nota).

Los editores y jefes de información saben que estos reporteros conviven con una presión más apremiante que los demás, y a veces tratan de calmarlos. "Todo el día con el escáner viendo qué pasa. Y si no pasa nada, para ellos es frustrante. Llegan al grado de que les hablas tú por ejemplo a medio día: ¿oye que ha habido? "Nada chingado, no han matado a ningún cabrón."(9)

A veces invierten todo un día de trabajo en visitar "contactos", como jueces y agentes; aunque no puedan utilizar la información de momento, esto lo hacen para mantener abiertos los canales de información y les avisen de los casos que pronto darán a conocer.

Siempre están alertas. Los que traen escáneres han aprendido a convivir (y también sus familias) con el ruido de las claves de las frecuencias policiacas, aun en horas que no son de trabajo. Lo activan desde que despiertan y no lo apagan ni para comer. Los que no lo usan, monitorean desde donde estén los noticiarios radiofónicos, o constantemente se reportan con sus "contactos" a las dependencias o puestos de socorro. La mayoría portan celulares y escáner al cinto, como los policías investigadores, pero todos usan por lo menos un radiolocalizador.

La experiencia les ha enseñado a todos a interrumpir comidas, clases de inglés, salirse del cine a la mitad de una película, para corroborar un "hecho" que escucharon por radio o fueron enterados por el beeper o celular. Han aprendido también a ingeniárselas con los problemas digestivos que el estrés les acarrea.

REPORTEROS CORRUPTOS

Nick Davies, reconocido periodista autor de varios libros, le pone el cascabel al gato: Nuestros medios de comunicación se han convertido en fabricantes masivos de distorsión. Un sector cuya tarea debería ser filtrar las falsedades se ha convertido en un conducto para la propaganda y las noticias de segunda mano (…)  la tendencia a reciclar la ignorancia es mucho peor que nunca (…) No buscan las noticias, ni comprueban su contenido, sencillamente porque no tienen tiempo (…) Si a ello se añaden los límites tradicionales con los que se encuentran los periodistas cuando quieren averiguar la verdad, es posible comprender por qué los medios de masas, en general, han dejado de ser una fuente fiable de información”.

Pero lo que Davies no aborda y de hecho, pocos se atreven a mencionar, es la bajeza con la cual se conducen los reporteros (fotógrafos, camarógrafos, etc.) de los medios mexicanos, que pululan las 24 horas del día en las demarcaciones policiacas en espera de “clientes”, es decir, de aquel padre de familia, obrero, ama de casa, estudiante, jovencita, abuelo, político -¡vaya!- cualquier ciudadano que haya sido detenido por los mal llamados “agentes del órden” y que las mas de las veces es por faltas inventadas, pero para los reporteros de la nota roja solo significan una cosa: Dinero.

Si no pagan la cuota del chantaje, todos y cada uno de los detenidos serán juzgados y condenados en una nota periodística (aquí no se necesitan jueces ni largos procesos y mucho menos existen las garantías individuales de privacidad).

O pagas en efectivo al reportero, o pagarás el resto de tu vida con la inmortalización de tu falta al Bando de Policía y Buen Gobierno (?). Tu familia verá publicada la fotografía en las celdas municipales y te etiquetarán, sin juicio previo ni oportunidad de defensa, como Ebrio, Adúltero, Pandillero, Rata, Maricón, Impúdico, Golpeador, Drogo y todos los calificativos de la peor estofa que se te puedan ocurrir.

Luego vendrán las consecuencias: divorcios, despidos, demandas, pérdida de confianza, crisis de autoestima y hasta suicidios.

Tu error, amigo lector: no tener dinero para pagar al reportero de la fuente o al policía que te llevó a posar para la foto, aun en contra de tu voluntad. Y los vomitivos vespertinos que operan con impunidad y sistemáticamente violan la privacidad de las personas y les adjudican apodos burlones, calificativos execrables y contaminan la vista y el espíritu con enormes titulares que ofenden a la sociedad entera… gozan de impunidad y siguen ganando dinero a costa del sufrimiento ajeno.

LO QUE SOMOS AHORA

Nos hemos convertido en un país de nota roja; podemos verlo en la mayoría de medios de comunicación masiva: tele noticieros, diarios, radio. Es increíble la cantidad de espacio que ocupa la muerte.

Que si el ajuste de cuentas en tal cantina dejó a 3 hombres y 1 mujer acribillados, que se accidentó el autobús, que si otro piloto fue asesinado, que si aquellos o los otros hicieron una masacre en la prisión, que si asesinaron al boticario por no pagar la extorsión, que si los tal grupo contraatacaron, que si los policías y criminales son los mismos, que si los asesinatos políticos,  que el deslave mató a muchos, que si el río se desbordó, que si las ejecuciones extrajudiciales, que siguen los linchamientos, que si el país entero se está matando.

Podemos ver como en algunas grandes ciudades las funerarias están atestadas, las morgues no se dan abasto, los cementerios se multiplican y como vamos perdiendo poco a poco a nuestras familias, a nuestros seres queridos. Pero no pasamos de eso, de ver, de contemplar la muerte, algunos en un estado catatónico y otros, los más reptiles, con morbo enfermizo.

Y así, seguimos: sacando callo ante tanta tragedia, leyendo el diario o viendo la televisión para recibir nuestra dosis diaria de muertos, muertos y más muertos. Pero poco nos dedicamos a ahondar en las causas más allá de su letal efecto, puesto que la muerte es simplemente la factura que nos pasa la corrupción, la falta de educación, el desempleo, la precaria situación del sistema de salud, la violencia intrafamiliar, la carencia de vivienda, la criminalidad, la ausencia de previsión de desastres, las mordidas en obras de infraestructura, la concentración de la riqueza en manos sucias, la desigualdad, el robo, la mentira, la codicia y para colmo, la prensa policíaca corrupta que lucra con todo lo que mencioné.

Obviamente soy muy optimista al preguntar: ¿Qué pasaría si se otorgaran más espacio en los medios informativos para discutir a fondo esos problemas de raíz y se redujera un poco el espacio a la sangre, le apostáramos más a construir y un poco menos al recuento de la destrucción? Tal vez cuando comprendamos que todos los males se pagan, de una u otra manera, con muerte, ya sea la propia o la del prójimo y hasta la muerte en vida, atenderemos las causas que la generan Entonces, tal vez ya no necesitaremos ver a los muertos todos los días… ni a sus familias llorando.

Con información de apoyo en:

http://www.cge.udg.mx/revistaudg/rug22/rug22dossier1.html

http://www.revistayque.com/v1/rip/286-un-pais-de-nota-roja