home
PhillyIMC's web-radio  

Arrestos por la paz

He regresado de dos de los días más satisfactorios de mi vida, espiritual y emocionalmente, si no físicamente. El lunes, 25 de septiembre, asistí a una manifestación por la paz en Filadelfia con tres miembros de LEPOCO, un grupo que existe para el trabajo por la paz y la justicia social desde la guerra de Vietnam; Nancy Tate, Robert Daniels y Tim Chadwick, y luego Robert, Tim y yo participamos en un acto de desobediencia civil en las oficinas del Senador Rick Santorum en el edificio Widener en esa ciudad. Catorce activistas fuimos arrestados, acusados de tres delitos (aparentemente el declarar la paz es una conspiración criminal, entrada ilícita criminal, y entrada ilícita) y luego nos metieron en la infame cárcel que se conoce como la Roundhouse hasta el día siguiente. Nos soltaron después de las dos de la tarde de ayer, 23 horas despué de nuestro arresto inicial.

Muchos partidarios y activistas locales se habían reunido a las diez de la mañana en la Iglesia Old Reformed en la antigua ciudad de Filadelfia, en las calles 4 y Race, donde se celebró un servicio hermoso. Robert Smith del histórico grupo por la paz, Comunidad por la Paz Brandywine, sirvió de “maestro de ceremonias,” y compartimos música, incluyendo, de mi parte, la canción del movimiento laboral No Nos Moverán y un verso de la bella canción de Fito Páez “Yo Vengo a Ofrecer mi Corazón. ' Las abuelitas por la paz cantaron varias canciones que son parodias de tonadas de teatro de Broadway (There's no business like war business!), Sylvia Metzler habló sobre algunas de ssus actividades y viajes a través de Nicaragua y otros lugares donde los EEUU se han entrometido y causado muerte y destrucción, y terminamos con una canción de Tom Mullian escrita para estas actividades de la Declaración de Paz. (Pueden leer sobre la Declaración de Paz visitando www.declarationofpeace.org; la declaración (de tres páginas) en español está en el sitio, traducida por esta servidora).

De la iglesia marchamos a través de Center City detrás de un féretro rodeado de flores cantando “Bush no quiere escuchar, el Congreso tiene que actuar” hasta el edificio federal de Filadelfia, donde el senador Arlen Specter mantiene sus oficinas, y donde declaramos la paz en voz alta, leyendo los nombres de los 126 soldados muertos de Pensilvania junto a los nombres de algunos de los miles de civiles iraquíes muertos, y nos habló el hermano Gaylon Taylor sobre el problema de los sin techo, de los desamparados y de los que reciben asistencia pública, y de la necesidad de alimentar a nuestras ciudades y no a la guerra. Entonces marchamos alrededor del Municipio de Filadelfia y llegamos al edificio Widener, donde se encuentran las oficinas del senador Rick Santorum. Antes de entrar al edificio declaramos la paz y exigimos los 8 puntos de la Declaración de Paz

Cuatro de nosotros, dos hombres y dos mujeres, habíamos entrado al edificio con anterioridad al resto del grupo por una entrada secundaria y subimos al noveno piso por el elevador hasta las oficinas del senador. Una vez allí, tocamos en la puerta de cristal (no hay timbre para los que visitan) y pedimos una audiencia con el senador o sus asistentes para entregarle algunos documentos. Después de tocar repetidamente, salió un asistente, y sin abrirnos, nos dijo que de ninguna manera abrirían la puerta, de modo que nos sentamos en el piso y comenzamos a leer los nombres de los 126 soldados de Pensilvania muertos junto a los nombres de algunos de los miles de civiles iraquíes muertos. En algún momento, el mismo asistente nos dijo que no podía hablarnos ni escucharnos, siempre desde el interior de la oficina cerrada. Entonces vino uno de los asistentes principales, conocido como "Jeff," e intentó entrar en discusión con nosotros, diciéndonos que el senador “nunca estaría de acuerdo’ con nuestros planes de paz, que había que luchar, como decía claramente el senador, contra el “mal allá en esos sitios,” incluyendo a Chávez en Venezuela y la "situación en Irán."

Poco después de que Jeff nos habló, entraron 7 u 8 policías para escoltar a los mienbros del personal de la oficina de Santorum fuera de la oficina a través de una de las peurtas secundarias, lejos del “peligro” que nosotros cuatro representábamos, en el suelo leyendo nombres...

Hay que notar que mientras subíamos por el elevador, en el noveno piso la pesadísima puerta se empezó a cerrar, y los dos que habían salido tuvieron que aguantar la puerta abierta con mucha dificultad para que nosotras pudiéramos a duras penas salir. Luego nos enteramos que el edificio hizo cerrar todos los elevadores cuando el grupo que quedaba abajo intentó subir, de modo que estábamos declarando la paz en el noveno piso y en el vestíbulo de entrada, con más de 100 partidarios tanto dentro como afuera del edificio Widener.

Aproximadamente a la 1:30 PM vino un oficial que se presentó como Inspector Policial Tucker, Seguridad de la Nación, Escuadra Anti-Terrorista (Homeland Security, Anti-Terrorist Squad) del Departamento de Policía, posiblemente una excusa para cobrar fondos extras. Nos dijo que el administrador o dueño del edificio no nos quería en el edificio, y que si no nos íbamos voluntariamente, seríamos arrestados. Le explicamos que todos éramos electores del senador, y que queríamos hablar con él o con uno de sus asistentes a nombre de sus 126 electores muertos. Este individuo regresó en varias ocasiones; en una de ellas nos dijo en un tono amenazante que si no nos íbamos, nos haría arrestar ‘en su tiempo no en el nuestro,’ y que se nos acusaría de un cargo de entrada ilícita. También nos dijo que nos daría tres advertencias, y la tercera, justo antes del arresto, sería grabada en video. Fue solamente durante la última advertencia que se nos dijo que el cargo sería aumentado de entrada ilícita simple (que conlleva una multa) a un delito menor (“misdemeanor”) que conlleva posible encarcelamiento. Fuimos arrestados después de las 3 PM y nos sacaron a los cuatro del edificio por una entrada trasera. Afuera había algunos partidarios gritando palabras de aliento, y mientras nos subían a una camioneta, poco a poco se nos unieron otras personas arrestadas en el vestíbulo del edificio.

A las nueve mujeres (nos separaron por género) nos llevaron a una instalación policial donde procesan a los arrestados y ahí nos fotografiaron y nos metieron en una celda inmunda y oscura con un simple banco de madera y un aparato de metal que sirve de inodoro y de fuente de agua. Estuvimos en esa celda durante horas, y cuando pedimos que se cerrara la puerta de afuera para que las mujeres pudieran hacer sus necesidades en privado, una guardia arrogante llamada Rita nos contestó que si queríamos lidair con “el Hombre”, qué podíamos esperar… pero al final cerró la puerta brevemente para concedernos algo de privacidad.

Las nueve empezamos a cantar de manera espontánea… canciones de Dylan, de Peter, Paul y Mary y algunos cantos espirituales negros antiguos, y me dicen los que escuchaban de afuera que algunos de los guardias estaban acompañándonos en voz baja. Se me pidió que les cantara versos de la Guantanamera y esto nos llevó a una discusión sobre actividades y viajes recientes de estas mujeres, algunas de las cuales han trabajado en Haití o Nicaragua y otros países. En cierta forma aunque estuvimos horas en aquella celda, debido al apoyo moral y la solidaridad de las que compartíamos la celda, el tiempo voló… y hubo sus momentos cómicos, como cuando algunas empezaron a cantar, Pizza, pizza. Nuestro coro de presidiarias por la paz ciertamente sonaba como algo profesional... tal vez tenemos que cantar juntas de nuevo…

Nos sacaron finalmente a la camioneta que esperaba para transportarnos a otra cárcel; a cada rato nos decían algo diferente, que nos llevaban a la calle 55 y Pine, que saldríamos pronto, que iríamos al Roundhouse… En fin, nos esposaron juntas, de dos en dos; Sylvia Metzler y yo, que al fin y al cabo somos tocayas, decidimos que nos esposaríamos juntas. Es una mujer mayor, delgada, que ha vivido en Nicaragua y hecho trabajo social y desobediencia civil por muchos años… De ahí nos metieron en una camioneta muy mal ventilada. La puerta del conductor se abría y se cerraba violentamente, como si hubiera gente entrando y saliendo… Estábamos dentro de un garage, sin ventilación, y a veces las luces se apagaban dentro de la camioneta. Algunas de las mujeres arrestadas tenían más de 70 años y estaban teniendo dificultad para respirar, de modo que les pedimos por favor que nos proveyeran aire fresco, que abrieran la puerta de atrás, y lo que hicieron fue encender la calefacción para que tuviéramos mayores dificultades en respirar… Realmente no puede decir con seguridad cuánto tiempo estuvimos dentro de la camioneta pero todas estuvimos seguras de que había pasado más de una hora, sin movernos, aunque a veces encendían la camioneta y la movían hacia delante o daban marcha atrás, y entonces paraban.

En la cárcel conocida como la Roundhouse nos sacaron las huellas digitales y más fotos, y entonces nos metieron en celdas pequeñas de 69 X 79 pulgadas (yo medí el interior de la celda con papel de inodoro cuando rehusaron darme información sobre su tamaño). Cada celda tiene uno de esos inodoros/fuente de agua y un banco de metal contra la pared. No hay papel higiénico ni jabón; teníamos que rogar a gritos que nos trajeran papel, dando golpes contra la reja. Eventualmente nos traían papel. Estas celdas son apropiadas (si es que algo en la Roundhouse se puede llamar “apropiado”) para una persona, pero estábamos agrupadas en grupos de tres en cada celda. Compartí alojamiento con una mujer que había sido arrestada por posesión de narcóticos y otra que había sido arrestada y acusada de robo y hurto en tiendas por una camisa de $15 USD que nunca encontraron en su posesión... tenía contusiones por el ataque de parte de cinco empleados de seguridad en la tienda (no policías) ...

Varias de las mujeres con las que fui arrestada eran de alta edad; pidieron una frazada o chaqueta pero les fueron negadas. No nos ofrecieron comida hasta la medianoche o la una de la madrugada, cuando fuimos examinadas por un enfermero y éste le dio un emparedado de mantequilla de maní y un recipiente con jugo de naranja a las que pidieron comida. Yo había decidido hacer una huelga de hambre, pero me tomé un jugo porque estaba algo mareada.

A través de una noche interminable, los guardias que trabajaban en la prisión estuvieron tocando el radio fuertísimo, hablando y haciendo chistes en modo estrepitoso, y esto hizo que fuera casi imposible dormir. Yo me senté contra el muro asqueroso y me quedé dormida un par de horas a las 3 de la mañana. Una de mis compañeras de prisión constantemente preguntaba la hora en voz alta… Nos habían prometido una audiencia a primeras horas, pero la audiencia fue después de la 1:30 PM, y fue por video-presentación. Nos dejaron salir sin fianza, pero nos enteramos de que nos habían acusado de tres cargos en vez de uno, todos por delitos menores, que conllevan la posibilidad de cárcel.
El jueves 21 de septiembre, Día Internacional de la Paz, habíamos tenido una vigilia para declarar la paz, una de miles alrededor de la nación. Hemos pedido que se escriban cartas de protesta, sobre las terribles condiciones en la prisión, sobre la forma en que los derechos humanos de todos son violados, no solamente los disidentes. Hablo no solamente en papel de disidente sino como alguien con muchos años de experiencia representando a personas de color e inmigrantes, que casi siempre son arrestados por ofensas menores por las cuales no molestan a los blancos. Se les maltrata, se les abusa, yo por mi parte quisiera instituir una demanda a manera de acción de clase, es decir, como representante de los disidentes abusados, y también por el maltrato a todos los que pasan por las cárceles de Filadelfia. A nuestros hombres los metieron en un cuarto común, con luces brillantísimas siempre encendidas, y a la entrada de la prisión. Era como estar en una pecera…
Una de las razones por las que continuamos alzando nuestras voces en protesta es que conocemos muy bien las injusticias del sistema de "justicia" y prisión en los EEUU. He entrevistado a muchos presos con mi antiguo “sombrero” de abogado criminalista y de derechos civiles, en muchas prisiones inadecuadas, pero la Roundhouse permanecerá en mi libro como la peor que he visto o en la que he tenido el disgusto de ser “albergada;” también tengo que decir que aunque fuimos muy bien tratadas por algunos de los guardias (el hombre que nos tomó las huellas digitales, con quien discutí la similitud entre nuestro movimiento y el movimiento por los derechos civiles de los años 60, está entre los mejores), también hubo muchos guardias burlones, sadistas y demasiado severos. La oficial Rita es mi “favorita” de estos últimos.

Es importante el protestar ante todas las agencias posibles, ante cualquiera que pueda hacer una diferencia en la forma en que tratamos a los que se enredan en el sistema dizque de justicia. Las calles de Filadelfia, como las de tantas ciudades a nivel mundial, están llenas de desamparados, de hombres, mujeres y niños que deambulan, sin techo ni sus posibilidades, y la decisión de nuestros gobiernos de gastar dinero en armamentos y no en comida o las necesidades de nuestras ciudades, hará que este problema empeore.

Pienso iniciar un fondo para abogados, ya que los tres cargos, sobre todo el de conspiración criminal, harán que necesitemos de asesoría legal.
¡Destierren la apatía! ¡Protesten! ¡Alcen sus voces en canto y en protesta! ¡Hasta la victoria siempre!

Silvia Antonia Brandon Pérez, abuelita revolucionaria

(¡Pongan sus canas a trabajar, gente!)



Comments

Post new comment

The content of this field is kept private and will not be shown publicly.
  • Web page addresses and e-mail addresses turn into links automatically.
  • Lines and paragraphs break automatically.

More information about formatting options

CAPTCHA
This question is for testing whether you are a human visitor and to prevent automated spam submissions.
2 + 16 =
Solve this simple math problem and enter the result. E.g. for 1+3, enter 4.